Archivo por meses: diciembre 2013

Madiba

No es que me dé igual el fallecimiento de Mandela, aunque a efectos prácticos llevaba años muerto o en ese limbo por el que pasan algunos ancianos antes de apagarse del todo, como Adolfo Suárez, del que uno ya no sabe bien si sigue vivo o no. Recuerdo haber leído hace unos meses cómo descendientes de Mandela discutían con vehemencia delante de sus narices sobre cómo repartirse su herencia. Como si no estuviese delante. Como si estuviese muerto.

También había alcanzado para la opinión pública ese halo de santidad con el que obsequiamos a los muertos. Su óbito sólo ha servido para que se desborde la exaltación, para glorificarlo más, si cabe, para convertirlo en un santo por lo civil. Los periódicos, preparados desde hace tiempo, han desplegado todo su arsenal, con mucho material interesante, todo hay que decirlo. Y ya digo que no es que me dé igual, yo también admiro a Mandela (más me vale), pero me chirría toda esta avalancha de elogios, iniciada en los medios y redoblada en las redes sociales.  De pronto, todo el mundo se vio obligado a publicar sobre Mandela, a expresar su dolor, a referirse a él como Madiba, como si hubiera una competición por ver quién le conocía más, quién adoptaba un tono más cercano al referirse a él, como si eso nos hiciera mejores personas. Decir algo bueno de Mandela era una muestra de buen gusto, solidaridad y cultura que había que lucir en el perfil público. Incluso dan ganas de ponerlo en el curriculum. En este mundo tan interconectado y esclavo de la apariencia, ya no necesitamos perder tiempo averiguando qué pensamos de las cosas, la opinión correcta y popular nos la dan hecha y sólo tenemos que rebotarla. Yo lo acabo de hacer.

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