Archivo por meses: mayo 2015

Vencedor y vencido

DSC_0828Minutos después del gran desfile en el que se le rindió homenaje, Tran Be, de 90 años, interrumpe su descanso a la sombra de un árbol para posar ante un fotógrafo. Lleva el mismo uniforme caqui con el que hace 40 años contribuyó a asaltar el palacio presidencial (hoy de la Reunificación) de Vietnam del Sur, la famosa imagen de los tanques derribando la verja, el último llanto de un régimen que estaba muerto desde el principio. Me acerco con sigilo, merodeo por los alrededores mientras el fotógrafo dispara. Cuando termina, me lanzo y le pido al fotero que me haga de intérprete para hacerle unas preguntas al héroe de guerra. Acepta sin problemas, al igual que el anciano. “¿De dónde es? ¿Es americano?”, pregunta el veterano con una sonrisa antes de empezar. Cuenta que estaba en una de las unidades que asaltaron el Palacio, pero no termina de aclarar su papel, no quiere perderse en detalles, prefiere recordar a sus compañeros caídos en la guerra americana. “Estoy muy contento por el homenaje y por seguir vivo después de haber perdido a tantos amigos en la guerra”.

Como si tuviera la lección aprendida, recuerda orgulloso cómo su país ha pasado de la extrema pobreza al crecimiento económico de los últimos años. “Creo que pronto Vietnam será un país rico”, cierra. Me da la mano con una energía sorprendente antes de montar en un coche junto a su nieta, que nos vigila de cerca.

DSC_0842

Días antes de los fastos compartí un café con Nam Dinh, un conductor de ciclo de 65 años siempre a la caza de turistas frente al mercado de Ben Thanh. A los 19 años se alistó en el Ejército de Vietnam del Sur  y trabajó codo con codo con los americanos. “Mi familia era de origen chino y apoyaba al Gobierno del sur y antes a los franceses”, dice encogiéndose de hombros. No se hizo demasiadas preguntas, sobre todo cuando le ofrecieron un buen salario, seguro sanitario y educación para sus hijos. Luchó durante seis años en Danang, Cu Chi y Thay Ninh y le pilló la ofensiva del Tet en Saigón en 1968.

La peor pesadilla comenzó para él después de la guerra, cuando fue enviado a los llamados campos de reeducación, que en realidad eran de trabajos forzados. A él le tocó trabajar de dinamitero en una cantera de mármol y aún le ruge el estómago cuando recuerda las duras jornadas de trabajo sin nada que llevarse a la boca  las incursiones en la selva en busca de plátanos o cualquier cosa que calmara el hambre. En 1978 lo soltaron, pero las cosas no mejoraron demasiado: su pasado le impedía trabajar para cualquier empresa pública, que en aquellos tiempos duros del comunismo eran todas. Sobrevivió como pudo durante más de una década, fue viendo cómo el país iba abriéndose y comprobó que el inglés que le enseñaron los americanos le era útil cuando comenzaron a llegar los turistas extranjeros. Se compró un ciclo  y con el tiempo una moto y ambas le sirvieron para ganarse unos dongs con los que mantener a su familia. Sus siete hijos ya son mayores y tiene 17 nietos. Aunque cree que el país no va tan bien como dicen, no le interesa hablar de política y lo único que le interesa es que sus hijos sigan conservando sus empleos. “Sólo quiero que ellos tengan un buen futuro”.

+++++++++++++++++

Un par de fotos de la celebración de la caída de Saigón el pasado 30 de abril. Aquí, el artículo que hice para Efe.

DSC_0844 DSC_0837

Share